Flamenco común (Phoenicopterus roseus)

Por su notable tamaño y su peculiar aspecto, el flamenco común resulta posiblemente la más espectacular de todas las aves acuáticas que pueblan nuestros humedales. Su estilizada silueta puede ser vista en muchos de nuestros mejores enclaves húmedos costeros mediterráneos y suratlánticos, o en algunas lagunas del interior, como la malagueña de Fuente de Piedra —donde se asienta su principal colonia de cría en España y una de las más
importantes de todo el Mediterráneo— o algunas localidades manchegas.

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Clasificación

  • Orden Phoenicopteriformes;
  • familia Phoenicopteridae

Longitud

  • 125-145 cm

Envergadura

  • 140-170 cm

Identificación

Esta popular ave de aspecto inconfundible destaca por su gran tamaño y sus largas patas y cuello. Cuerpo, cuello y cabeza exhiben una coloración blanquecina con tonos rosados, mientras que las plumas coberteras e infracoberteras alares presentan un intenso rosa carmesí; sin embargo, las plumas de vuelo o rémiges son de color negro. En reposo, estas plumas negras aparecen ocultas bajo las coberteras y las largas plumas escapulares. El pico, curvado hacia la mitad de su longitud casi en ángulo recto, es también de color rosa, salvo en el extremo terminal, donde se torna negro. Las patas lucen asimismo tonos rosados. En vuelo presenta una silueta muy estilizada en la que mantiene el largo cuello y las patas estirados. El dimorfismo sexual se manifiesta en el tamaño de las aves, mayor en el macho. Los jóvenes contrastan notablemente con los adultos por presentar una coloración pardo-grisácea, sin ningún tono rosado (tampoco en el pico o las patas). Sus patas resultan además mucho más cortas.

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Canto

Dónde vive

Su distribución está asociada a los humedales de aguas salinas o salobres —ya sean costeros o del interior— del litoral mediterráneo (incluidas las Baleares), Andalucía y Castilla-La Mancha. En Canarias resulta accidental. 

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Hábitat

Requiere de amplias superficies de aguas poco profundas, como lagunas costeras, marismas, salinas o grandes lagunas endorreicas, por lo general con un marcado carácter salino o al menos salobre y, a menudo, sometidas también a regímenes temporales de inundación.

 Alimentación

Consume pequeños organismos acuáticos, como larvas y adultos de insectos, pequeños crustáceos, moluscos, anélidos, microalgas y protozoos. Para alimentarse coloca su cabeza entre las patas (total o parcialmente sumergida) y remueve con estas el fondo con objeto de que la materia orgánica en suspensión entre en su pico, mientras que el agua es expulsada con la lengua. Los pequeños organismos son filtrados gracias a las laminillas presentes, a modo de peines, a lo largo del borde del pico.

Reproducción

La especie cría en colonias que reúnen a cientos o miles de parejas. Para reproducirse precisan de la existencia de humedales con aguas someras, de nivel generalmente constante a lo largo de todo el periodo reproductor, y con islas o zonas terrestres emergidas a salvo de depredadores. La época de cría suele comenzar a partir de abril. Los nidos, que se construyen muy próximos unos de otros, consisten en pequeñas elevaciones de barro y restos vegetales con forma de cono truncado, de unos 40-60 centímetros de diámetro y hasta 50 centímetros de altura. La hembra deposita en ellos uno o dos huevos, que son incubados por ambos sexos durante unos 30 días. Los pollos permanecen algunos días en el nido, pero son bastante precoces y pronto lo abandonan para agruparse en “guarderías”, donde quedan al cuidado de unos pocos adultos mientras la mayor parte de los progenitores se aleja de la colonia en busca de alimento. Durante, aproximadamente, el primer mes de vida, los pollos se alimentan de una papilla segregada en el aparato digestivo de los padres, de la misma manera que hacen los pichones de las palomas. Los pollos ya están emplumados transcurridos unos 70 días y 4 abandonan la colonia a los 100 días. Suelen reproducirse por primera vez a los cinco años de edad.

Amenazas y Conservación

El principal riesgo al que se enfrenta la especie reside en la concentración de la mayor parte de su población reproductora en unos pocos enclaves de cría, por lo que cualquier incidencia o situación ambiental adversa puede acarrear el fracaso reproductor de una parte importante de la población en una temporada determinada. En concreto, solo existen dos colonias relativamente estables en el Mediterráneo occidental: la de La Camarga francesa y la de la malagueña laguna de Fuente de Piedra. Una primavera parca en lluvias puede causar una desecación más temprana del humedal en el que se asienta la colonia, lo que puede hacer fracasar la reproducción, bien por falta de alimento o por los perros, zorros o jabalíes, que, ante la ausencia de agua, pueden acceder fácilmente a las isletas donde se sitúan los nidos. Dadas sus peculiares necesidades alimentarias, que los flamencos solo pueden satisfacer en escasos enclaves de aguas salinas o salobres, es muy importante que, además de las localidades de cría, se mantengan en buen estado estos lugares de alimentación, tanto en el periodo de cría como en la invernada. Durante la reproducción, los flamencos pueden alejarse más de 200 kilómetros de la colonia en busca de humedales donde obtener alimento. Desde la década de los años ochenta del siglo pasado se realizan en nuestro país labores de seguimiento y manejo de la especie que han contribuido al éxito reproductor y, por tanto, a un notable aumento de la población. El flamenco común se incluye en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado” y aparece en la categoría “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

Fotografías: Propias.
Más Info: rutas@derutasporlanaturaleza.es

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