La tierra es un don de Dios para nosotros, lleno de belleza y maravilla donde los frutos de la tierra pertenecen a todos

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Francisco ha escrito una carta dirigida a cada persona en este planeta, pidiéndonos a todos nosotros que protejamos la Tierra, nuestro hogar común. En la carta que dice que “la tierra es un don de Dios para nosotros, lleno de belleza y maravilla donde los frutos de la tierra pertenecen a todos”. Pero lo que vemos hoy es que nuestra casa común nunca ha sufrido tanto daño y maltrato como en los últimos 200 años. Hemos desarrollado una velocidad mayor de lo que podríamos haber imaginado. Hemos tratado la Tierra como si fuera un suministro ilimitado de recursos, tomando más que lo que justamente nos correspondía, de lo nuestro y de lo de las futuras generaciones por venir. Hemos despojado la tierra de sus bosques naturales, hemos contaminado las aguas, su tierra, y su aire. Las plantas y las especies se están extinguiendo a un ritmo alarmante. La Tierra, nuestro hogar, está empezando a parecerse, cada vez más, a un inmenso montón de suciedad. Nuestro creciente uso de combustibles fósiles contaminantes, especialmente el carbón, el petróleo y el gas, está ayudando a impulsar el cambio climático, que es uno de los mayores desafíos que enfrentamos hoy en día. El cambio climático nos afecta a todos, pero son las comunidades más pobres las que más lo sufren. Ahora estamos en un punto crítico, donde el futuro de nuestro planeta está en peligro, ya que, a pesar de esta crisis, no parece haber ninguna desaceleración en los estilos de vida de los países ricos. La enorme brecha entre los ricos y los pobres siguen aumentando, entre los que quedaron atrapados en la pobreza, con pocos o ningún recurso, y los que están consumiendo y gastando a un ritmo cada vez mayor, dejando un rastro de residuos y destrucción. Nuestro mundo digital también nos está contaminando con el ruido y las distracciones, nos impide aprender a vivir sabiamente, a pensar profundamente y amar generosamente. Las relaciones reales se sustituyen por las amistades virtuales que podemos elegir aceptar o rechazar, dejándonos insatisfechos, sin relaciones profundas, o pueden dar lugar a una nueva sensación de aislamiento. Sin embargo, a pesar de todo esto, no todo está perdido. Los jóvenes exigen el cambio; los jóvenes quieren construir un mejor que toma en serio la crisis ambiental y los sufrimientos de los pobres. Así que podemos cambiar, podemos tener un nuevo comienzo; para proteger nuestro hogar común, necesitamos un plan común. Toda la familia humana necesita trabajar en conjunto para que, así, la belleza pueda lo que no puede la contaminación y la destrucción. El uso de los combustibles fósiles también tiene que ser reemplazado sin demora. Y tenemos que dejar de tratar a los recursos del mundo como un objeto con fines de lucro, sin pensar en cómo nuestras acciones pueden afectar el medio ambiente de las generaciones futuras.

Así que vamos a poner amor por el mundo y el amor por los hermanos, a convivir en armonía y escucharnos unos a otros, a cuidar la economía y a involucrarnos con la sociedad y la política. Vamos a someternos a una “conversión ecológica” en la que escuchemos el grito de la Tierra y el clamor de los pobres. Esto significa tomar en serio cosas como evitar el uso de plástico y papel, reducir el desperdicio de agua, separar la basura y utilizar el transporte público. Pero lo más urgente que tenemos que reducir es la velocidad y la cantidad de lo que consumimos como de usar y tirar. Podemos encontrar una gran alegría y libertad en una vida simple, en lugar de estar siempre en la búsqueda de lo que no tenemos. Somos capaces de estos cambios y de emprender un nuevo comienzo. Así que vamos a que empezar a hacerlo hoy.

Firmado, Papa Francisco.

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